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]]>El sistema consta de una fibra óptica del diámetro de un cabello que se implanta bajo la piel en una zona iluminada, como la mano o el lóbulo de una oreja, explica Carlos Algora, del instituto madrileño, uno de los autores del invento. La fibra va por el interior del cuerpo hasta el dispositivo implantable en el que se halla una célula fotovoltaica (como las de los paneles solares) pero adaptada a esta aplicación y del tamaño de una lenteja.
Hasta la fecha, el invento ya ha sido patentado por Algora y Luis Castañer, de la Universidad Politécnica de Barcelona, en España y en Estados Unidos, pero todavía no se ha probado en un ser vivo. "Ya hemos demostrado su viabilidad en laboratorio. Ahora estamos pendientes de ensayarlo en animales y humanos, pero para eso necesitamos la colaboración de una empresa de biomedicina".
El cargador lumínico sirve para cualquier dispositivo implantable, "pero hay que adaptarlo a cada uno, porque no todos consumen la misma energía. Nosotros lo que decimos es que puede hacerse. En algunos casos bastará con recargarlo poniendo la piel bajo una bombilla una vez cada dos meses [por ejemplo, un desfibrilador de bajo consumo que sólo funciona cuando el corazón sufre una arritmia], y en otros una vez cada tres días [un marcapasos que está actuando todo el tiempo].